¿Lo efimero es bello?


Entre los altos astros está nuestro padre, el que gobierna sobre nuestra tierra, amo y señor,
constructor y destructor de nuestra existencia. Él, que es eterno ante nuestra experiencia
mortal, dicta, lejos de percibirse eterno a sí mismo, ya que hemos aprendido que su edad no
es más que un número en un sinfín de números más grandes y longevos. Mas es él nuestro
padre, nuestro principio y, si así lo desease, nuestro fin. Pero ¿acaso es bello por ser eterno?
Más bello sería el suelo que has de pisar cada mañana, puesto que este está sujeto a constante
cambio. Mas tú no has de verlo, porque ya lo consideras eterno. Lo eterno pierde su valor
de bello, mientras lo fugaz, por momentáneo que sea, se convierte en eterno en la memoria
del mortal, ya que es más satisfactoria aquella experiencia única vivida fugazmente que
aquella otra que se vuelve eterna y cotidiana.

Lo que es de naturaleza cotidiana pierde su belleza; el mortal pierde el sentido de esta
porque, como el estado satisfactorio de estar sano, solo se anhela cuando se está enfermo.
Aprendemos a vivir con ello y su contemplación pierde sentido si ha de vivirse a cada
momento.

Por ello, lo bello no está en lo eterno, sino en lo momentáneo, en lo fugaz de una canción,
en la primera impresión de una gran pintura, en la lectura de aquellos versos que hicieron
vibrar tu cuerpo.

Todo lo bello nace de lo espontáneo, porque lo bello nace del sentimiento y este es fugaz
como la vida de su dueño.
Vivir es bello porque somos mortales; la implicancia de la muerte en la vida da belleza a
esta misma.

¿Y qué hay de aquello que es eterno y siempre es visto como bello?

¿Por qué acaso no es bello un amanecer aunque ya has visto miles en tu existir?
Pues aquel amanecer es único en el momento porque solo es un momento, ya que el amanecer no es eterno: tiene un principio y
un fin. Y todo quien lo contemple lo observa. Y es mágico, mágico es ver el principio y fin de
algo, pero más lo es el preludio de lo que existe en el medio, aquel momento que pareciese
ser eterno, pero es más fugaz que los momentos iniciales y finales del mismo.

Y aun así hay aquellos que solo logran ver la belleza del principio o del fin, pero, aun siendo así, lo que
causó el sentir de lo bello fue la mutación.
Puesto que en la mutación está lo bello, en el contraste de dos partes infinitas. Ya seas
amante del alba o del ocaso, o incluso de la noche o el día, la belleza se encuentra en el
contraste que tiene este en su opuesto.

Es así como lo eterno pierde belleza, porque aquello es solo para lo efímero, pero
majestuoso es “Él todo” porque hasta lo eterno puede verse bello cuando este se deja
acompañar por lo efímero.

Que sea así, ¡es magno y glorioso! Ya que es una oda a que en lo eterno está lo efímero,
como de lo efímero lo eterno, y en esta conjunción existe la máxima belleza, cuando lo
eterno transgrede su naturaleza para convertirse en efímero, dotando al ser de su
majestuosidad olvidada por la cotidianidad.

¿Acaso no es así el amor? Que a menudo es
olvidado por lo cotidiano de su naturaleza y es que este recobra su valor cuando un
momento cobra un sentido efímero, como la risa de un mal chiste que jamás se olvidará por
malo que sea este, o de un atardecer junto a aquel dador de amor; en un momento donde
ambas almas han profesado la gratitud de vivir aquel momento, la afloración de ese
sentimiento agarra con fuerza lo eterno y lo vuelve efímero; ya que ambos sabrán que
nunca podrán sentir lo mismo, por más atardeceres que vean, por más veces que repitan
aquel mal chiste, porque aquello fue único en su instancia primaria y repetirlo solo sería
intentar reciclar un sentimiento, y todo lo reciclado pierde su fuerza de ser primario y se
vuelve débil.

Ya sea entonces que amemos lo efímero

Y entendamos a aquellos locos que viven de
momentos fugaces y que temen a la cotidianidad. Puesto que ellos se han vuelto adictos a lo
bello, aunque sus naturalezas les hagan perder el sentido de esto, porque aquello que es
experimentado cotidianamente pareciese volverse eterno y, por más deseosos que estén de
apreciar lo bello, se hacen carentes de ojo y cuerpo para experimentarlo, porque las
polaridades son eternas y lo eterno no posee belleza.

Dado así que todos ellos se topen con una realidad carente de belleza. Culpables son de
vivir en búsqueda de ella. Ya que esta es dada a aquellos que viven sus vidas sin el propósito
de buscarla, mas ella, como una amante viciosa, ambiciona a aquellos que no han de
buscarla.

Sea así que lo bello es efímero.